Lamaroma (por el Presi)

 

La maroma (11/03/06)

A pocos kilómetros de Alhama paramos para hacer la primera foto del día.
Fue en ese momento cuando realmente nos dimos cuenta del lugar al que nos
dirigíamos. Al frente, las casitas encaladas, reunidas alrededor de la
iglesia, buscando su protección. Destacando sobre todas ellas, La Torre.
Vigilante. Desafiante. Atenta a la llegada de cualquier intruso. Detrás,
blanca, alargada, imponente, La Maroma. Parecía como si una enorme ola de
espuma fuera a engullir al pueblo.

Y si era capaz de engullir a todo un pueblo ¿Qué no sería capaz de hacer
con nosotros?

¿Allí vamossss?. Fue la primera voz de alarma. No sería la última. Era una
voz fina, chillona, entrecortada. La verdad es que no se de donde pudo
surgir semejante ruido. Parecía como si alguna garganta hubiera quedado
repentinamente obstruida por un par de ..¿ganglios?

¡No pasa nada!. Esta voz si la conocía. Era la de Diego. ¡No pasa nada!.
¡Si no hay nieve. Es solo el reflejo!.
¿Reflejo de queeeeeé?. Esta era Elena. La pregunta quedó en el aire y
seguimos camino.
Atravesamos Alhama. La Torre nos seguía observando de una forma desafiante,
vigilante, atenta. ¡Pero pasamos!. Llegamos al Robledal Alto y comenzamos
la marcha. Las Totovías Tejedensis (para los lugareños "pajarracos de la
zona"), nos daban la bienvenida. O tal vez se reían de nosotros. No sé. El
caso es que su estridente pitido me recordaba a algo. ¿Quizás a un "Allí
vamossssssss"?. ¡Quizás!
Coronamos el Barranco de Los Presillos e hicimos un primer alto para
reponer fuerzas. Lo normal: Agua, aquarius, bocatín, dulces, EPO ¿ehhh?
¡Así subías como las motos, amigo!. No voy a decir nombres por no
comprometerte, Rafa. Pero la próxima vez lo digo.
Reanudamos la marcha. Ahora venía la auténtica prueba. Puerto Loberas.
Empinado, nevado, helado. Para atreverse con esto hacían falta un buen par
de .. Crampones. Rocío y Ana tuvieron que volverse. No tuvieron crampones
para continuar. Rafa en un alarde de caballerosidad las acompañó en su
camino de vuelta. ¡Como bajaras igual que subías debieron llegar hechas
leña!. ¡Joer con el EPO!. .
Los demás continuamos. La brisilla del Mediterráneo se hacía sentir. Nos
empezamos a abrigar. Andrés, para no perder la costumbre, se puso un
cortavientos ¡que no es reglamentario!. ¡Vaya ejemplo para la peña!.
Seguíamos ascendiendo y la brisilla seguía arreciando. De manera lenta pero
progresiva. Rachillas de 90, 100 ,120, 160 km/h (aquí hubo un brusco
aumento que rompió la lenta progresión de las rachillas y a punto estuvo de
dar con los huesos de Juan en tierra. Pobrecillo. ¡Tan chiquitín!).
Cuando la brisilla comenzó a tomar aspecto de vientecillo, y nuestras ropas
empezaron a hincharse dándonos la apariencia de muñecos Michelín,
decidimos que era el momento de volver.
La bajada no tiene mucha historia. Más nieve, más hielo, más viento, más
aire, más brisa. Más viento, más aire, más brisa. ¡Bueno!. ¡Y agujeros!.
Algunos realmente profundos. En ellos se hundían completamente las piernas.
Yo mismo pude comprobar la frialdad de la nieve cuando, en más de una
ocasión, mis dos ingles, ¡los dos! entraron en contacto con el blanco y
blando elemento. ¡Que frío!.
De vuelta en el Robledad, las Totovías volvieron a saludarnos. Ahora
parecía que en su chirriante pitido había más admiración que cachondeo.
¡Esta peña es mucha peña!. ¿Qué pensabais "pajarracos de la zona"?. Le
hemos hecho un nudo a vuestra Maroma. Y se lo hemos hecho por su cara
norte. Los ganglios que horas antes habían obstruido alguna garganta hacía
tiempo que se habían bajado a su sitio. ¡Menudos bozarrones se oían ahora!.
Antes de continuar un inciso. EPO: Empanadito de Pollo con Orégano. Esta es
una peña seria ¡por favor!. ¿Qué pensabais?
Recogimos a Rocío, Ana y Rafa (que mientras nos esperaban habían estado
practicando con los crampones de última generación que Rafa se había
comprado para la ocasión) y nos fuimos a tomar una cervecilla y un vinillo
de Cómpeta. Nos pusieron tapas pa reventar. Pero todas las pusieron en el
lado de la niñas, que dicho sea de paso se pusieron moradas. Yo no me voy a
quejar. Pillé un trozo de tortilla. Las migas, la caballa, las aceitunas y
la carne al ajillo las vi. Pero poco más.
De vuelta a los coches. Satisfechos. Contentos. Orgullosos. Una última
mirada hacia atrás. ¿De allí venimos? (se volvió a oír un vozarrón). ¡Pues
vaya! ¡Debe ser el reflejo!

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